Todos hemos oído alguna vez lo de que los gatos tienen siete vidas por ser tan ágiles y flexibles ante una caída. Obviamente sólo tienen una; al caer, tienen la facilidad de darse la vuelta en el aire y modificar su centro de gravedad. Cuando arquean su cuerpo, hacen que el centro de masas queden entre su panza y la patas, por lo que lógicamente caerán de pie.Si un gato cae desde un segundo piso, o desde un tercero, es probable que no tenga tiempo de girarse adecuadamente. Pero si se cae de un séptimo o de un octavo, tendrá tiempo de darse cuenta de lo que ocurre, reaccionar, y preparar la caída.
¿Y si cae desde un piso 14? Pues a partir del séptimo piso, prácticamente da igual de qu éaltura caiga, porque el rozamiento con el aire impedirá que el animalito adquiera demasiada velocidad. Todos los cuerpos que caen en una atmósfera tienen una velocidad terminal (velocidad máxima que se puede adquirir en caída libre por la acción del rozamiento con el medio). Esto es fácil de imaginar si pensamos en un barco hundiéndose en el mar: Se hundirá a una velocidad máxima, y no continuará acelerado infinitamente.
Pues para cuerpos en el aire ocurre lo mismo. En el caso de los gatos, esta velocidad es de 100 km/h, y por el rozamiento con el aire no pueden superarla en caída libre. Así, en realidad da lo mismo que se caigan de un octavo o de una planta 25, porque un gato no se mata a esa velocidad.
Esto es bastante común, y la velocidad terminal es la razón por la que muchos animales sobreviven cualquier caída: arañas, ratones, hormigas... Desgraciadamente para nosotros, nuestra velocidad terminal es muy elevada, cerca de 200 km/h, y una caída superior a unos pocos metros conlleva nuestra muerte inmediata.
Nota: Este artículo se ha escrito sin experimentar la caída de ningún gato. ¡No se han dañado animales! :-)
.